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OTROCÁCERESUn espacio desde Caceres para el Pensamiento Critico, la participación ciudadana y la Construcción de Alternativas
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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007. Resumen
No es oro todo lo que reluceArticulo de opinion de Emilio Fresco Tras la noticia, aún reciente, de que nuestro país había donado 700 millones de euros a la Naciones Unidas, un amigo decía sentirse orgulloso de este gobierno y más si se comparaba esa actitud con la cicatera y obstruccionista del Gran Hermano Americano. Y, a continuación, pasaba a hacer una valoración positiva de la política exterior de diálogo del Gobierno de Zapatero en relacion con el islam, Turquía etc. MI amigo es simpatizante y votante del PSOE. Simpatizante y votante, no hooligan. Como no es oro todo lo que reluce, me he acordado de mi amigo hoy, al leer en un periódico (El PAÍS, 2 de Enero de 2007), que en la elaboración de la ley sobre regulación de la venta de armamento, o algo así, se ha contado con la Asociacion que representa los intereses de los empresarios del ramo y no se ha contado con las ONGs. ( Por cierto, algún día habrá que abrir el melón de quién es quién en las ONGs y sobre el rol objetivo que muchas desempeñan). Lo más grave del asunto es que el Gobierno no ve conveniente suspender la producción de bombas de racimo, del que España es uno de los grandes productores y exportadores. España que está en "misión de paz" en un país como Líbano, árabe y de mayoría musulmana, en labores "de interposición" ( Israel / Hezbolá) y realizando explosiones controladas de bombas racimo, regalo de Israel en su despedida.Así de contradictoria ( y de Ética) es la política de nuestro Gobierno. Una nota de paso:A penas se informa de que este Gobierno ha elevado los gastos militares repartidos entre Defensa, Interior, Investigación, etc. a niveles que por lo mismo, hubiéramos puesto a caldo a otros gobiernos. Quien quiera datos exactos en el nº 44 de Diagonal, tiene una información rigurosa. Ya sabemos que el comportamiento deleznable del PP, provoca casi un movimiento reflejo en la izquierda, de manera que, en determinados momentos, se tiende a moderar las críticas hacia un Gobierno que ha hecho algunas buenas cosas ( algunas no son todas ni, mucho menos) y de cuyo presidente, algunos medios de comunicación y la facción que manda en los populares, un día sí y otro también, piden la cabeza. Pero ya vale ¿no?. Emilio Fresco Enlace permanente. Tema: Opinion Local No hay comentarios. Comentar. Se crea un grupo autogestionado de consumoEl pasado jueves 21 de diciembre tras una cena con productos agroecológicos en la sede asociativa de Pizarro 1 se celebró la primera asamblea pro Grupo Autogestionado de Consumo (GAC) de Cáceres. Si estás interesado/a. Puedes mandar el siguiente cuestionario con tus respuestas al correo-e: otrocaceres@yahoo.es CUESTIONARIO PROGRUPO AUTOGESTIONADO DE CONSUMO. 1. ¿Consideras necesaria la existencia de un grupo, en Cáceres, que agrupe a todos los interesados en producir y consumir según unos criterios agroecológicos? 2. ¿Participarías en él? ¿Con qué grado de implicación? 3. ¿Formarías una unidad de consumo por ti misma o con más gente?¿En el segundo caso, con cuántas personas más? 4. ¿En qué productos y qué cantidad aproximada estaría intaría interesada en consumir tu unidad de consumo? 5. ¿Qué periodicidad de distribución consideras más óptima: semanal, quincenal...? 6. ¿Qué régimen de reuniones consideras más óptimo para la organización del grupo? Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar. ¿Nueva Derecha? O la reinvención del populismo frente al vacío de la izquierdaArtículo de EMMANUEL RODRÍGUEZ E HIBAI ARBIDE publicado en el nº 72 de Archipiélago Nuestra historia podría empezar quizá con una narración casi epopéyica sobre un vasto movimiento de tierras que amenaza con remover la historia. Y La emergencia de un nuevo movimiento político del que apenas podemos describir la fórmula: una combinación de innovación y conservadurismo, de agresividad rupturista y apelación a valores de rancio olor caduco. Este movimiento, que aspira a constituirse en un polo hegemónico de la política de nuestro tiempo, puede ser nombrado por convención -y sólo por esto- como Nueva Derecha (a partir de ahora, ND), designando así un conglomerado histórico que inaugurara quizá el reaganismo en Estados Unidos y el thatcherismo en Europa, pero que sin duda tiene prolongaciones tan diversas y complejas como las que corresponden a los movimientos sísmicos que mueven las placas tectónicas. EMMANUEL RODRÍGUEZ E HIBAI ARBIDE | 15 12 2006 El argumento -tan previsible como eficaz- que normalmente se vierte para explicar el irresistible ascenso de la derecha renovada es que su poder se debe menos a la instauración de una máquina demoledora de toda resistencia que, en primera instancia, a su capacidad para generar adhesiones y producir medios de subjetivación que hacen de la ND algo “más popular” que la izquierda. Por eso es mucho más conveniente hablar del ascenso de una nueva hegemonía, en términos de Gramsci (constelación de poderes y de ideas capaz de presentarse como interés general), e intentar comprender la química de este nuevo bloque de alianzas, que reutilizar los viejos clichés izquierdistas sobre la estulticia del pueblo, la alienación generalizada o un subrepticio fascismo de masas. La voluntad hegemónica se manifiesta fundamentalmente en relación y en contra de las derechas clásicas, por medio del desmarque de la extrema derecha de corte netamente fascista y de la democracia cristiana, a quienes acusa de ser, respectivamente, extremista o pusilánime. Tres rasgos salientes son inmediatamente reconocibles en la ND:
El diagnóstico de la ND sólo puede recetar así una permanente contrarrevolución que trate de restaurar un orden dañado y corrompido (el que se deduce de las crisis derivadas de la reestructuración capitalista de las últimas décadas), que naturalmente exige medidas tan drásticas como la guerra (contra el terrorismo, desde luego, pero también contra la delincuencia, la droga o cualquier elemento susceptible de convertirse en “enemigo interno”) y la autodefensa preventiva (que supone la ruptura de los viejos órdenes jurídicos garantistas y el advenimiento de la policía y las medidas de excepción como norma de gobierno). Contra el pensamiento postmoderno, la ND escenifica una puesta en escena de valores sustantivos, fuertemente morales, en sociedades erosionadas en parte (y ésta es la paradoja) por la propia política desarrollada bajo sus criterios (el neoliberalismo). La ND genera así un curioso círculo virtuoso de autolegitimación.
Numerosos comentaristas y ensayistas repiten que las llamadas élites liberales viven en realidades paralelas, que sus discursos y sus prácticas atraviesan sólo de forma tangencial las preocupaciones y los intereses corrientes y, en general, que este cuerpo social minoritario se ha blindado en un estatuto privilegiado. Una lectura que parece congruente con los análisis que señalan el extremado corporativismo de las burocracias sindicales, la esclerotización del viejo sistema de partidos y la escasa permeabilidad de los medios de comunicación y de sus élites culturales a la emergencia de nuevos fenómenos sociales y políticos. En este contexto, la ND se puede presentar, como antes lo hiciera la izquierda, como adalid del hombre común, de sus expectativas y sobre todo de sus miedos, en un espacio (el viejo espacio de las clases medias y el Estado asistencial) que efectivamente se está desmoronando. Esto es lo que le otorga su carácter populista.
Este modelo (radicalidad y moralismo, populismo y nueva inteligencia comunicativa) parece encajar bien en el caso de los neocons estadounidenses o del gobierno Berlusconi, paradigma del uso provechoso de los medios como herramienta de hegemonía política más allá de las mediaciones institucionales y de los mecanismos de representación. Pero, ¿es un modelo de explicación aplicable a algunas de las realidades políticas españolas? O, en otras palabras, ¿existe un campo de innovación de la derecha más allá de la imagen tradicional conservadora, españolista, católica, sociológicamente franquista, de la derecha española? La respuesta, por paradójica que parezca, es que esta ND, como una específica versión del “vodevil hispano”, existe acá; y que la agresividad de la política de la última legislatura del gobierno Aznar, y sobre todo de los consensos (hasta los atentados del 11-M) que supo generar, ya muy alejados del centrismo de su primera legislatura, en cierto modo es inexplicable sin la incorporación de algunos de los elementos señalados antes. Sin embargo, la punta de lanza de esta ofensiva se encuentra en la propia esfera comunicativa y no inmediatamente en el medio político convencional: en la emergencia de un conglomerado de medios de comunicación de gran audiencia, promovido por un grupo de periodistas y ensayistas. Este conjunto de periodistas y opinadores profesionales se sitúan a la vanguardia neoconservadora, por delante del PP. De hecho, en ocasiones es el partido quien es utilizado por la ND mediática (invirtiendo el paradigma de la manipulación informativa que la izquierda suele denunciar), aunque habitualmente se puede reconocer una relación simbiótica entre la derecha mediática y su representación partidista. El sector más reconocible, la versión hispana más agresiva si se quiere de la ND, podría englobar a un buen número de sectores del periódico El Mundo, pero desde luego las experiencias más originales e interesantes deberían encontrarse en Libertad Digital, en Radio Intereconomía, en los programas de la COPE y en firmas como Pío Moa, Jiménez Losantos, Gabriel Albiac, César Vidal, Alberto Recarte, etc. Una evidencia, que sólo en apariencia es sorprendente y señala por sí sola la novedad de la ND, aunque sólo sea en términos sociológicos, es que la mayor parte de sus protagonistas declaran un manifiesto origen izquierdista. Son antiguos tripulantes de las experiencias políticas más extremas de la década de los 70: en este pull amplio de nombres, se reconocen muchos ex maoístas de línea dura, ex leninistas que en los viejos tiempos ejercían un purismo insufrible y libertarios con antiguas posiciones provocadoras, además de un largo etcétera de otras apuestas radicales que llevaron a muchos a justificar el aventurismo armado o incluso a emprender en primera persona algunas de aquellas empresas, hoy tan decididamente “terroristas”. Uno de los legados vivos de esta herencia es que su estilo de comunicación no es ajeno a algunas tradiciones izquierdistas. Aunque con una retórica exactamente opuesta a la de sus años de juventud, beben de la tradición publicística de la extrema izquierda. En oposición al formalismo informativo de los medios serios, de la distinción entre opinión e información, reinventan el lenguaje periodístico, apuestan sin vergüenza por una comunicación que calcula sus efectos en términos políticos, que decidida y descaradamente quiere producir realidad. A propósito de cada punto central de la agenda del país, despliegan una estrategia comunicativa que busca menos la “verdad”, con toda la parcialidad de la palabra, que aprovechar cualquier oportunidad de manera instrumental y populista para ampliar su influencia y generar una corriente de opinión favorable. No practican un periodismo de información, y mucho menos de investigación, en el que la interpretación se funda a veces en una ardua acumulación de pruebas y datos. Tampoco buscan un escenario, por aparente que sea, de neutralidad del juicio, contraponiendo posiciones y argumentos. Su voz es declaradamente parcial, la acusación y la denuncia se utilizan como un arma que, a falta de pruebas, trata de producir sospecha sobre los discursos del enemigo. Retórica y simplificación son rasgos clave. El uso de la soflama, del sarcasmo, la hipérbole permanente respecto a las amenazas, la exaltación en la expresión, la indignación moral, se vuelven moneda corriente en un esquema argumental a veces extremadamente sencillo y pobre, uno de los elementos esenciales de su éxito. Esta actividad comunicativa se comprende mejor en relación con algunos acontecimientos concretos. Por ejemplo, el 11-M, reinterpretado como una suerte de golpe de Estado, es un campo de juego perfecto, en el que se recurre a toda clase de connivencias imposibles y de interpretaciones conspiranoicas. La derecha populista es capaz de afirmar, indistintamente, que la autoría está relacionada con ETA, con la masonería de influencia francesa, con los servicios secretos de Marruecos, con los mandos de la policía y la Guardia Civil, con redes del narcotráfico a pequeña escala... ¡e incluso con la conjunción diabólica de todos ellos! “Buscar la verdad” es el lema, pero lo único realmente importante es desgastar la imagen del PSOE y sugerir que éste llegó al poder de manera ilegítima. El origen izquierdista de los actores principales de la ND y su actual trayectoria reflejan el tránsito de toda una generación inmersa en los procesos de lucha y politización durante los años 70, que se impregna sucesivamente de la atmósfera de “desencanto” durante los años 80 y más tarde del resentimiento producido por los largos años de gobierno aplastante del PSOE . La destrucción caníbal de la extrema izquierda tras las elecciones del 79, la extrema torpeza del PCE y la fragilidad del desarrollo de IU y, sobre todo, la prepotencia del “socialismo en el gobierno” dieron al traste con la posibilidad de cualquier continuidad política de la experiencia de los años 70. La propia composición del “bloque hegemónico” durante el gobierno socialista confirma en términos de prestigio y posición económica el vacío político de una parte de la generación que lucha en los 70. En efecto, la expansión de los cargos públicos en el Estado de las autonomías, la consolidación de una élite cultural (esencialmente, en torno a la industria cultural, la expansión de los mass media y la creación de la red de instituciones culturales públicas) y la promoción de pequeños y medianos empresarios a la categoría de proveedores y clientes del Estado (especialmente en la construcción y en el sector financiero) dejaron a un sector no despreciable de ambiciosos “escaladores sociales” y de “intelectuales con pretensiones” en la cuneta de aquellos años “dorados”. Un sector de gente que, por juventud, falta de agilidad a la hora de aprovechar el ascenso institucional del PSOE u honestidad, con carreras vocacionales de escaso rendimiento, en términos de capital simbólico o económico, se quedaron “sin premio” y al margen del clima de optimismo, muchas veces chabacano, de lo que se conoció como los años del “pelotazo”. En ese sector de gente se encuentran muchos de los adalides de la ND y buena parte de su público. En otras palabras, y aquí se encuentra la clave de la ampliación de su público o de su éxito social, las retóricas de la COPE , Albiac o Intereconomía explotan un determinado “régimen de las pasiones” caracterizado por el resentimiento hacia los “ganadores” de los años 80: por esa razón, el disparo apunta siempre a los lugares comunes del “progresismo” como herencia ideológica de la instauración democrática. Una tarea ciertamente sencilla y que presenta grandes probabilidades de éxito social, porque simplemente desvela la propia mezquindad de la constitución genética de la democracia española. Igualmente, el ataque al lenguaje “políticamente correcto” defendido por la izquierda se convierte en una tarea de desenmascaramiento del cinismo que esconde. Por el contrario, el uso directo de argumentos homófobos, clasistas o racistas “deja de ocultar la realidad”, “llama a las cosas por su nombre” y expresa lisa y llanamente “lo que muchos piensan y no se atreven a decir”. La superioridad mediática de la ND frente a la cultura “progre” se basa en la sustancia de sus enunciados, por perversos que sean, frente a la retórica vacía y la carcasa liberal de las “clases medias progresistas”, que no alcanzan ni de lejos a hablar al corazón de los efectos sociales de la gran transformación capitalista de las últimas décadas (precarización generalizada de la vida, etc.). En el terreno de los valores, se repite incansablemente la “fórmula mágica” de que la raíz de todos los problemas sociales se encuentra en los valores permisivos y libertarios de la época licenciosa del 68: en materia educativa, la falta de disciplina y la acomodaticia pasividad social generan la crisis de la escuela; en lo relativo a la familia, la ausencia de valores fuertes, como el compromiso, multiplican los casos de hogares destrozados o “aberraciones” como el matrimonio gay , etc. Pero es en la lucha contra los nacionalismos menores o “periféricos” donde la ND adquiere una mayor eficacia. Sin disimular un españolismo acérrimo, la crítica se dirige a negar la legitimidad de una situación política dominada por cierto foralismo de nuevo cuño. Implacables contra el etnicismo y las situaciones de privilegio económico y fiscal de las “naciones históricas” frente al resto del país, desvelan toda una trama de clientelas políticas y económicas y la rancia atmósfera cultural promovida por los gobiernos autonómicos. La ampliación de las clientelas políticas, culturales y económicas en torno a las comunidades autónomas fue uno de los pilares constitutivos del “bloque hegemónico” tras la transición española. Paradójicamente, la ND se presenta así como adalid de la España constitucional, rememorando incluso los viejos ideales republicanos de la igualdad ante la ley y de la igualdad de oportunidades de las personas y de las regiones, sin que tristemente nadie parezca oponerles argumentos más fuertes en términos de democracia y de construcción de singularidades lingüísticas y sociales que no se clausuren en realidades exclusivamente identitarias. La audacia informativa de la ND no se especializa únicamente en los ataques a la izquierda “oficial”. Quizá una de sus mayores provocaciones consista en reformular la posición de la derecha en la historia del país, reivindicando para sí una tradición democrática y liberal que “sólo se vio truncada por la fuerza de la necesidad y el irresuelto golpismo e insurreccionalismo de la izquierda” (que hoy se expresa en los “separatismos”, las “complicidades con el terrorismo”, la legitimación neoestalinista de Castro, Corea del Norte, Sadam, Chávez o Evo Morales -todos juntos, por supuesto, en el mismo paquete). De igual modo, este revisionismo histórico encuentra un campo de expansión inusitado, que aprovecha la propia debilidad de las interpretaciones al uso de las dos grandes bisagras del siglo: la Guerra Civil y la Transición a la democracia. La guerra y la imposición de la dictadura se presentan desde la ND como una respuesta necesaria al golpe “izquierdista” de la revolución del 34 y a la inestabilidad social y política impuesta por las organizaciones de izquierda. Básicamente, atacan la visión liberal republicana o la interpretación historiográfica animada durante la década de 1970 por el izquierdismo más oficial (próximo igualmente al PCE o al PSOE ), que considera el levantamiento como un golpe de estado contra un régimen legítimamente constituido, pero que ignora igualmente la riesgosa e imprudente política de los gobiernos republicanos (una república de “orden”, que pronto consiguió la oposición de los movimientos libertarios pero que a un tiempo abrió todos los frentes sociales: el laicismo, la reforma del ejercito, ciertas medidas antioligárquicas, etc.), el doble juego retórico del PSOE y la UGT (a caballo entre el apoyo a Primo de Rivera y el radicalismo revolucionario, siempre más retórico que real) y, en general, la estrecha identificación de su base social en las clases medias urbanas. Respecto a la Transición, la ND defiende una línea de continuidad con el franquismo más liberal y “aperturista”, una evolución “natural” del fin del régimen. En cierta medida, se podría decir que el revisionismo histórico de la ND, ciertamente de escasísimo calado científico, pero de enorme éxito social (las pequeñas novelas de Pío Moa y César Vidal se venden por decenas de miles), se construye sobre una base histórica común a cierta izquierda: el olvido, compartido con las versiones “al uso” de la izquierda oficial, de la capacidad constituyente y democrática de los movimientos sociales, banalizados como “antifranquismo universitario” y relegados a un segundo plano ante el savoir faire de las élites políticas conscientes de la oportunidad de negociar. Algo que evidencia, por inconsciente que sea esta omisión, una voluntad de eludir un problema de fondo de la Transición y la democracia: el establecimiento del sistema de partidos pasaba inevitablemente por desactivar los procesos de autonomía y autoorganización que abrieron brechas en el régimen franquista y socializaron una cultura democrática en el sentido más lato del término. Respecto a si existe un verdadero think tank de la ND española, se puede decir que no se ha traspasado todavía el nivel de la propaganda y la retórica, y que quizá éste no sea uno de sus objetivos. En el terreno teórico no se propone nada innovador: por ejemplo, un marco de reformas políticas que pudiese impulsar inesperadamente un nuevo imaginario político, un proceso de subjetivación inédito como el que en su tiempo representaron el fascismo o las corrientes de la derecha republicana del siglo XIX. Desde luego, la ND española carece de la audacia de los neocons americanos, con su proyecto de reordenación imperial del planeta. De hecho, sus afirmaciones programáticas defienden filiaciones que sólo de forma muy superficial se pueden considerar modernas. El liberalismo de todos (en un sentido que entronca con la tradición liberal doctrinaria española) y el catolicismo de alguno parecen ser elementos que quieren destacar una filiación genética con una tradición política liberal, formalmente democrática, que históricamente tiene expresiones puramente defensivas del statu quo (los largos años de la Restauración monárquica que siguieron a la I República). En este sentido, la reinvención de la tradición liberal que propugnan (véanse el “catolicismo liberal” de Losantos, la declaración de principios de la FAES [1]) se debe ver menos en términos sustantivos o programáticos que como recurso defensivo de lo que ha representado ese liberalismo doctrinario o moderado en la historia del país: la defensa del statu quo social, el conservadurismo político y el reforzamiento del propio bloque hegemónico. Su mejor arma, como hemos explicado, es el populismo: el juego permanente y sistemático de detección y desmantelamiento de los “agujeros” del discurso izquierdista. Sin demasiada vocación de videntes acerca del futuro de estas formas de expresión populistas, podríamos decir que es más que probable que este discurso haya tocado techo, que su “activismo” no consiga fomentar/redirigir el resentimiento de masas, e incluso que este experimento, que no deja de ser patéticamente primitivo (recursos a un casticismo y un españolismo inveterados, retóricas demasiado retorcidas y conspiranoicas, un sarcasmo fácil y poco inteligente), se agote en sí mismo como resultado de la pérdida de su “efecto de novedad”. Incluso puede ocurrir también que, en su afán por escorar lo más a la derecha posible la representación institucional de la derecha, la ND deje de ser funcional a su polo político, el Partido Popular, y éste se vea en la necesidad de construir una imagen de mayor seriedad y más centrista para gobernar. Pero más allá de su improbable éxito, lo que sin duda evidencia es el enorme vacío de la izquierda, el colapso de la imaginación política en la construcción de alternativa y oposición (incluso a nivel exclusivamente discursivo) y la irremediable crisis social de las instituciones de representación. En definitiva, se podría decir que la ND ha impreso en un negativo el campo político posible para la construcción de una nueva autonomía social.
Emmanuel Rodríguez es autor de El gobierno imposible. Trabajo y fronteras en las metrópolis de la abundancia (Madrid, Traficantes de Sueños, 2003). Este artículo ha sido publicado en el nº 72 de Archipiélago, donde también ha publicado: “La rehabilitación de la política” (nº 41), “La flexibilidad laboral: aparato ideológico y dispositivo disciplinario” (nº 48), entrevista a Richard Sennett realizada junto con Zyab Ibáñez, “Límite y tragedia. La libertad en Castoriadis" (nº 54), “España: zero tollerance ” (nº 55) y “Ecología de la metrópolis. Algunas notas para un programa de investigación” (nº 62).
[1] “ Al servicio de España y de sus ciudadanos, FAES busca fortalecer los valores de la libertad, la democracia y el humanismo occidental. El propósito es crear, promover y difundir ideas basadas en la libertad política, intelectual y económica.”
Enlace permanente. Tema: Opinion Local No hay comentarios. Comentar. ¿“ORDENANZAS MUNICIPALES PARA LA CONVIVENCIA”? (Apuntes para una reflexión) Articulo de Opinion de Emilo F. Rivas Ocurre que, de rondón, se han colado una serie de artículos que consideramos lesivos de derechos ciudadanos. Los ejemplos de conculcación de esos derechos son variados. Baste, como muestra, algunos de los más significativos. Es el caso de los Art. 10, 11 y 12 en los que se prohíben todo tipo de pintadas, inscripciones... grafismos; rótulos... pegatinas y papeles pegados... sobre cualquier bien, instalación o lugar público o privado que, previamente, en el Art. 2 y el 10 se detallan con profusión obsesiva. Se prohíbe también el reparto de octavillas, folletos o similares de propaganda e información... colocación de carteles y pancartas.... Todo ello “sin la previa autorización municipal”. Por otra parte, en relación con la “Responsabilidad” por las infracciones, además de referencias específicas en el articulado, existe un artículo general, el Art. 31, en cuyo apartado 3, se cita como responsables no sólo a quien individualmente cometa la infracción si no que lo serán también “las personas físicas o jurídicas sobre las que recaiga el deber de prevenir las infracciones...” Por si ejemplos como los anteriores fueran poco, en el Art. 14 se exige el pago de una fianza previa a la realización de “actividades de concurrencia pública... dentro del recinto o espacio autorizado...” Mención a parte merecería cuestiones como la conversión de cualquier comerciante ido ciudadano en vigilante ido delator de los infractores (Art. 15 y 39) o la cuantía desorbitada de las multas (Titulo III) en el país europeo con mayor nivel de empleo precario y en una de las regiones con más paro de todo el Estado. Estos, junto algunos otros artículos, configuran el núcleo duro del Proyecto. La idea que tenían en un principio era aprobarlo durante las vacaciones de navidad del 2005. La “Coordinadora por la Libertad de Expresión” se crea con el objetivo de hacer frente a la Ordenanza, en primer lugar dando a conocer su contenido por medio de diferentes acciones en la calle, reuniones abiertas, asambleas públicas y mediante artículos y cartas al director en uno de los periódicos locales. Hemos pretendido con ello compensar la opacidad informativa del Ayuntamiento y provocar un debate en la opinión pública, a la vez que exponer nuestro punto de vista contrario al proyecto, el cual, si bien puede afectar a todos los ciudadanos y ciudadanas, representa una mordaza especialmente dañina para los pequeños colectivos y organizaciones que verían limitados sus ya de por sí escasas posibilidades de expresión. Colectivos y asociaciones que, por pertenecer al campo del “pensamiento crítico”, de facto se convertirán en los destinatarios principales de la Ordenanza.
Breve resumen de una lucha En la oposición que la “Coordinadora por la Libertad de Expresión” de Cáceres viene llevando a cabo, extraemos algunas conclusiones. Hay que empezar por decir que no está siendo una lucha fácil. Fenómenos como el “botellón” y costumbres festivas similares, han pendido de continuo determinando actitudes cuando menos de pasividad ante nuestros planeamientos. Tampoco nos ayuda nada la propia complejidad de la Ordenanza, al integrar en un texto artículos que podrían ser aceptables con otros verdaderamente inquietantes. Así y todo, hemos obtenido algún fruto. Se ha logrado romper la opacidad haciendo que se hable del asunto. Conseguir este logro no es poco en un Ayuntamiento gobernado por el PP y para un proyecto que también sostiene el PSOE. No obstante, el trabajo llevado a cabo por la Coordinadora en este tema en concreto, coyunturas específicas locales, como el encadenamiento de otros conflictos y luchas que, a nivel regional y local, han supuesto un despunte interesante de los movimientos sociales y, sin duda, la relativa cercanía de las elecciones municipales, han permitido que, en sucesivas revisiones hayamos podido modificar algunos de los artículos. El resultado, sin embargo no es positivo pues, finalmente, se mantiene lo que venimos considerando como el núcleo duro. Sería demasiado complejo analizar aquí las causas, pero está claro que una lucha como esta, minoritaria, al alargarse tanto en el tiempo ( factor que las Administraciones son expertas en gestionar cuando de dilatar se trata) y no ser la única que los colectivos llevamos adelante, ha adolecido (adolece) de falta de ritmo, de manera que se ha hecho muy complicado mantener la tensión necesaria a lo largo de los meses, lo que no es excusa para reconocer, que, en el tramo final, la movilización y la contrainformación, nuestras armas, decrecieron de forma notable. Además, caímos en la ingenuidad de creer que las correcciones que el Ayuntamiento aceptó en su momento, en las tres comisiones en las que se trató el tema y que anulaban los aspectos más autoritarios, se aprobarían en el Pleno. No ha ocurrido así. Desde el punto de vista de nuestra práctica interna, la pluralidad, la apertura a cualquiera que compartiera la motivación central de oposición al Proyecto, hizo posible que tuviéramos la flexibilidad necesaria para compaginar radicalidad y pragmatismo y acertar con el tono que a la vez que nos posibilitaba concertar apoyos, no generaba excesivo rechazo en sectores sociales contrarios. En la lucha contra la Ordenanza, por otra parte, ha sido importante el hecho de que personas y grupos procedentes de diferentes culturas políticas debatiéramos abiertamente sobre su contenido, definiéramos objetivos, acordáramos estrategias, compartiéramos tareas. La complicidad que hemos establecido a lo largo de estos meses, es el logro más importante de cara al futuro. Más allá de las particularidades de este conflicto local, pensamos que la Ordenanza trasciende ese ámbito. Por un lado, sigue la estela de las aprobadas en otras ciudades: Valladolid (de la que Cáceres es un calco) Barcelona, Madrid... y las que se vayan apuntando. Por el otro, todas tienen lugar en un contexto político de organización del Estado en el cual el poder municipal va tomando cada vez un mayor protagonismo (en relación con las demás administraciones) en la atención integral (?) de las necesidades de los habitantes de las ciudades.
Ordenanzas y Globalización¿Cabría situar a la Ordenanza (las Ordenanzas), con la ración de “seguridad” y “orden” de la que se acompaña, en la órbita de la “Globalización”?. Pensamos que, sin ser una consecuencia directa, los rasgos más restrictivos en lo que respecta a derechos y libertades y el discurso conceptual de fondo, permitirían establecer esa relación. Este conjunto ordenancista vendría a situarse, objetivamente, en la vertiente municipal del entramado de respuestas con las que los diversos poderes intentan gestionar las consecuencias negativas que el fenómeno de la “Globalización” provoca en muchos sectores sociales. M. Vázquez Montalbán solía hablar de “globalizadores / globalizados”. La expresión, que podría parecer simplista, probablemente tiene la virtud de resumir, con ironía, la esencia de las relaciones económicas en el capitalismo actual. Pero, sobre todo, puede evidenciar bien lo que sucede en relación con la creación de códigos de cultura y transmisión de valores. ¿Podría ser en esta vertiente en la que, sin entrar en la parte económica (otra vía de financiación para los Ayuntamientos), las Ordenanzas cumplieran su función? Situadas en ese marco, convendría reseñar, con mucha brevedad, algunas esferas en las que se reflejan los efectos que el Capitalismo ha producido, y los que, en su forma actual, la Globalización, continua produciendo. Los ámbitos de análisis serían numerosos. Se selecciona la esfera del Trabajo por razones obvias. En cuanto a la Enseñanza, continua siendo (junto a la generalización de los medios audiovisuales) un factor central en la configuración de las sociedades y en la generación de ideología. Estos aspectos y alguna otra referencia pueden ayudar a situar el contexto en el que surgen las Ordenanzas. En lo que atañe al mundo del Trabajo, hace décadas que el movimiento obrero está en retroceso y dividido. El presente se caracteriza por la flexibilización, la precariedad, las deslocalizaciones... componentes de la llamada Globalización que, en paralelo, se acompaña de beneficios de escándalo para las grandes compañías y los bancos, la extensión de paraísos fiscales, etc. Es constatable, así mismo, cómo ha ido desapareciendo la vieja Cultura Obrera, en la misma medida en que iba languideciendo el eje que la sostenía, el “Apoyo Mutuo”. No es este el lugar para analizar las causas pero hay un aspecto, al menos, que no podemos obviar: los nuevos modelos y prácticas sindicales, se han visto incapaces para combinar el sindicalismo combativo con un sindicalismo (necesario) de servicios. En nombre de la “ética de la responsabilidad” (“concertación”, “consenso”) han dejado de lado la “ética de las convicciones”. Y, en paralelo al discurso de la “modernización”, han interiorizado la “competitividad” como valor. Si nos queda “el optimismo de la voluntad” es por ese archipiélago que van tejiendo los múltiples y variados focos de resistencia que, de forma organizada y/o dispersa, intentan responder a los nuevos modos de producción-explotación y a la dictadura del mercado. En el terreno de la Educación, la Escuela Pública ( que en nuestro país tiene una historia particular), aún está por dar con las respuestas adecuadas a las necesidades de una sociedad cada vez más compleja. Hacia ella se dirigen una parte importante de las demandas, buscando fórmulas que las familias y otras instituciones o han perdido o las que tienen ya no les sirven, olvidando que la Escuela es parte de esa sociedad en crisis. Las expectativas no cumplidas se convierten en frustración y en escasa valoración social. Así que, lo que debería ser un espacio para la convivencia y el conocimiento, en el que se sentaran las bases de una ciudadanía crítica, resulta ser, en general, y con numerosos conflictos, un lugar donde se va a estudiar y a tener “recogidos” a nuestros hijos e hijas. Las reformas recientes y las adaptaciones que se están elaborando (Proyecto Bolonia) buscan integrar todos los planes de estudios a nivel europeo. El cuestionamiento que se hace desde los sectores más críticos se fundamenta en la convicción de que, congruente con el modelo actual de Europa, se pretende adaptar las Enseñanzas a las nuevas exigencias del mercado. Visto desde esta perspectiva, la Ciudad se convierte en el espacio-tiempo social por excelencia, en el que las personas podrían establecer relaciones autónomas y libres. Espacio de espacios, físico y simbólico, en la Ciudad convergen todas las luchas emancipatorias. De algún modo se podría decir que, expulsados hace décadas del espacio“Fábrica” y con la “Escuela” buscándose a sí misma, nos quedaría la “Ciudad” como trama de posibilidades de comunicación y expresión, de acuerdos y conflictos, de diálogo y de antagonismos. Las Ordenanzas, actuando como cortafuegos, tenderían a cortocircuitar la expresión de esas energías. Nuestras ciudades son, cada vez más, un todo extremadamente variado, siempre cambiante, con frecuencia caótico, que requiere continuas adaptaciones entre sus habitantes y en la interacción Administración – ciudadan@s. En ellas confluyen los vectores y fuerzas del conjunto “trabajo, educación, y ocio” que llevan la marca de la Globalización. Esa marca se caracteriza por la manipulación de las necesidades y el refuerzo de estereotipos, promoviendo la uniformidad y la atomización social. Sobre esa base, la identidad de las personas y los grupos se construye en una dirección de más consumidor / menos ciudadano, menos sujeto crítico y responsable. Conocemos las dificultades con las que los Ayuntamientos se enfrentan para atender el día a día de los municipios: urbanismo, medio ambiente, servicios públicos, cultura, juventud... Nos repiten que, a esa escala, sólo existen soluciones técnicas, “profesionales”. Pero sabemos que entran en juego opciones sociales y políticas; opciones, también, ideológicas. Y es en ese aspecto en el que nos parece que las Ordenanzas cumplirían, más allá de lo estrictamente represivo, su papel central. En última instancia, se puede decir que las Ordenanzas nos confrontan con un modelo de ciudad que, ante el binomio seguridad – libertad, priorizan la seguridad. No se puede obviar cuánto ha influido en la necesidad global de la seguridad, el factor de los atentados terroristas de los últimos años. No es el único elemento determinante. Existen otros fenómenos delictivos a diferente escala y de envergadura diversa; fenómenos cercanos y ligados a la experiencia cotidiana de la gente de los que no vamos a tratar aquí pero que, sin duda, contribuyen a engrosar las experiencias de inseguridad. Lo anterior no nos impide destacar el shock colectivo que, en algunos casos, el terrorismo ha ocasionado. Y aún menos el nivel de sufrimiento que ha supuesto para las víctimas; en especial para ellas. Pero no es menos cierto que, siendo un motivo, es también la excusa por la que los Estados, sobre todo algunos Estados y sus gobiernos, han creado verdaderos arsenales legislativos. Al amparo de esa realidad, convenientemente adobado por campañas diarias y masivas de comunicación, el miedo se acaba haciendo difuso para pasar a convertirse en “miedo al otro”. La consecuencia inmediata es que, a la sombra de la vigilancia contraterrorista, otras esferas de la vida civil, de la libertades, pueden verse amenazadas, mientras que la inercia del miedo ( y la pasividad) impide responder al autoritarismo de los Estados en cualquiera de los niveles que lo conforman. ¿No cabe interpretar así, por ejemplo, el “proyecto de ley contra el gamberrismo” que, impulsado por Tony Blair, entró en vigor mientras se discutía la nueva Ley de Prevención del Terrorismo en Inglaterra ?. Se dirá que ese no es el caso del 11-M en España. Al contrario, después del atentado, el PP fue expulsado del poder. Cierto. Pero, curiosamente, pocos meses después de las concentraciones en torno a sus sedes, durante la noche de la llamada “jornada de reflexión”, se aprueba en Valladolid la primera “Ordenanza municipal...” ¿Es una casualidad?. Si este análisis resulta acertado, bien podríamos extraer la conclusión de que las “Ordenanzas...” que se han aprobado en nuestras ciudades, son un instrumento de CONTROL SOCIAL .
A vueltas con el ConsensoUno de los efectos más interesantes que el trabajo de estos meses ha producido ha sido que, periódicamente, el Ayuntamiento tuviera que salir a la palestra a dar explicaciones. Seguimos en ello y confiamos que, al retomar la movilización con la presencia de la Coordinadora en la calle, sigamos forzando esas comparecencias. Pero interesa que nos detengamos un momento en lo acontecido. En una de esas intervenciones, tras anunciar los (primeros) cambios, el concejal se sintió obligado a añadir, que ellos no habían “consensuado” nada con la Coordinadora. Queremos resaltar este hecho porque: 1) qué pudo motivar esa necesidad de justificación; 2) qué término empleó y 3) qué sentido podía tener su uso, son cuestiones que pueden dar pistas sobre una forma (extendida) de entender la política y por dónde pueden ir las alternativas. 1) A la primera cuestión se podría responder que lo que motivó la justificación de la autoridad es el tener que verse obligada a oír a un grupo de ciudadanos en la comisión correspondiente, en la que defendimos nuestros planteamientos. Importa resaltar el apoyo del único concejal de IU y que, previamente, la Coordinadora se pudo reunir con él y con el PSOE. Ese es el hecho: un grupo de ciudadanos decide utilizar los mecanismos existente para ser escuchados, libremente y sin posturas pactadas. 2) Para tapar esa evidencia, y por si no quedaba claro que no había habido negociaciones, nada mejor que utilizar la palabra tótem por excelencia de nuestros políticos: el “Consenso”. “No hemos consensuado nada con ellos” resulta, así, un modo de auto investirse de credibilidad. 3) La otra función que cumple el empleo de la palabra fetiche es devaluar aquella reunión y desvalorizar a la Coordinadora. Parece como si lo que estuviera en juego fuera la REPRESENTACIÓN. ¿O la representación (política) entendida como un coto?. A veces pequeñas luchas tienen la virtud de poner el dedo en la llaga: Les preocupa la PARTICIPACIÓN. Formas de participación que no puedan instrumentalizar. Se diría que la demanda de más democracia es percibida por el poder como una amenaza. Si esto es así, ¿no será porque la política se ha convertido en una forma de oligarquía?. Deberían tranquilizarse. Abrir sendas para una “democracia participativa” no debería suponer ningún riesgo para la “democracia representativa”. El resultado es más democracia. Son las concepciones y los hábitos endogámicos lo que contribuye a su deterioro. Enlace permanente. Tema: Opinion Local No hay comentarios. Comentar. Comunicado-propuesta de ArtamugarriaK ZONA 0: REINICIA EL PROCESO+PREPARATE PARA LA PAZ: PAX AVANTArtamugarriaK, iniciativa artística a favor del proceso de paz y de la democracia participativa, ante el atentado de Barajas y la ruptura del proceso de paz, manifiesta: ArtamugarriaK rechaza rotundamente el atentado de ETA en Barajas y se solidariza con las familias y los amigos de las víctimas, Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate N. La zona Ø (zona cero) de la explosión es el no-lugar de la violencia y la negación del espacio de diálogo, participación y creatividad que necesitamos, la antípoda de la geografía plural de la convivencia y del círculo de la paz y la palabra. La zona Æ, montón de escombros y muerte, es el anti-artamugarria por antonomasia. En esta topología circular de la convivencia, llámese España, País Vasco y Navarra, Euskal Herria, Euskal Hiria o como se quiera, no nos podemos permitir el lujo del pesimismo y del abatimiento ante la ruptura del proceso de paz. La ciudadanía no puede ser consolada con un nuevo aplazamiento de la paz y del acuerdo.
La ruptura del proceso político hace aun más necesaria la participación de la ciudadanía, apremia la activación de un proceso social como cauce para la solución al conflicto; la ciudadanía debe ser reconocida por las partes más directamente implicadas en la puesta en marcha de un nuevo proceso. Tampoco podemos seguir viviendo a expensas de las decisiones fatales de ETA y de las indecisiones de una parte considerable de la clase política; la sociedad civil hemos de dar un paso adelante y regenerar el proceso a nivel social. Cada paso hacia el encuentro y el diálogo es un avance frente a la barbarie, la indecisión, el pesimismo y la negación de la paz y la palabra. Cada paso que se dé en este sentido no es inútil: poco es mucho. Queremos mostrar nuestra decepción ante la ruptura de ETA de los compromisos adquiridos en la declaración del alto el fuego, el 22-M, con este terrible atentado así como nuestra perplejidad ante el comunicado posterior. Exigimos a ETA que abandone el recurso de la violencia política, renuncie asimismo a toda tutela y cumpla su palabra de delegar en los agentes sociales y políticos y en la entera ciudadanía el protagonismo de este proceso y la adopción de los acuerdos correspondientes, teniendo en cuenta su pluralidad y totalidad. Demandamos asimismo al Gobierno y a la Judicatura la asunción de gestos de distensión. Ahora bien, mientras arriba no hallen la salida, nosotros habremos de buscarla desde abajo, preparando encuentros y llegando a acuerdos populares que obliguen a los partidos, al Gobierno y a ETA a volver a la mesa y a las sillas del diálogo, con el compromiso de no abandonar hasta encontrar una solución definitiva. La no violencia activa es el método y la participación creativa y activista es nuestra mejor herramienta: Por ello, hacemos un llamamiento a los colectivos y a los ciudadanos de todo signo partidarios de la paz, hartos de esta situación, para reiniciar el proceso de paz aquí y ahora y rebelarnos contra el estado de guerra y el pesimismo programado. Para que adoptemos el compromiso irrenunciable, santo y seña del lema PAX AVANT!; para coordinarnos y emprender las acciones necesarias que hagan de nuevo posible el proceso. En este sentido, Artamugarriak, como iniciativa artivista propone: La acción virtual/hacktivista Zona O: reinicia el proceso · PAX AVANT! Crea y marca un ‘artamugarria-Zona ¡’ como espacio de regeneración social inmediata del proceso de paz, que cambie el signo negativo de la Zona Ø de la explosión por un O, un círculo vacío y lleno de posibilidades, una bakesfera (esfera de paz) creativa. Proponemos que en cualquier lugar donde se produzca una acción violenta o contraria al diálogo se reúna un grupo de partidarios de la paz con ánimo de realizar una propuesta constructiva, dibujando un círculo-artamugarria (consultar la página de ArtamugarriaK, para descargar logos artamugarriak), formando un círculo de sillas, reuniendo un círculo de ciudadanos activistas o expresándolo a tu manera. Transforma un acto de destrucción en un acto de creación. Documenta esta sencilla acción con una foto digital y, con vuestros mensajes, textos u otras expresiones artísticas y sugerencias, envíala a tu entorno y a los nodos de ArtamugarriaK, para que se expanda la Zona ¡ de la participación y la creación, como un nuevo comienzo. Las incorporaremos a nuestra página y la indexaremos en Google Earth. En este sentido, ArtamugarriaK va a llevar a cabo una revisión y ajuste de sus acciones previstas para 2007, especialmente de la exposición de mayo “Navarra en proceso: Pax Avant!”, titulada ahora “Zona ¡: reinicia el proceso · PAX AVANT!” para recoger estas y otras iniciativas artísticas y sociales encaminadas a la regeneración de un verdadero y definitivo proceso de paz participativo. Para empezar, divulga esta propuesta de acción pasando por correo electrónico o SMS (a todos tus amigos y conocidos, a colectivos, partidos e instituciones) este mensaje: ZONA O: re-inicia el proceso + prepárate para la paz: PAX AVANT! www.artamugarriak.org Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.
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